Hay momentos y lugares en los cuales se conocen los verdaderos amigos, estos son el hospital y la cárcel. Instituciones como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo viven exaltando, en los momentos que juzgan convenientes, sus aportes económicos a los países pobres. Pero esos aportes, la mayoría de las veces, son tan pequeños que apenas sirven para construir una o dos escuelas en lugares donde millones de personas viven en la extrema pobreza.
Haití es uno de esos países. Ese país, que es el más pobre del continente americano, ha sido víctima en los últimos 3 años de destructivos fenómenos naturales, que han conmovido y generado la caridad de naciones y personas particulares.
También ha sido víctima de la inestabilidad política, como fue el caso del golpe de estado del año 2004.
Ahora Haití ha sido víctima de devastador terremoto que ha matado a decenas de miles de personas y ha convertido al pequeño país en un lugar inhabitable.
Cuando pasan catástrofes como esta, los que menos aportan proporcionalmente a sus riquezas son los países desarrollados. La mayor ayuda viene de los aportes que la gente centavo a centavo hace a través de la Cruz Roja y otras instituciones sin fines de lucro.
Este desastre que ha ocurrido en Haití y que conmueve al mundo, es una oportunidad para que instituciones como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, demuestren que realmente tienen un sano interés en mejorar las condiciones de vida de la gente de los países pobres.
Haití necesita más que una ayuda, necesita un sacrificio de parte de los países ricos, un sacrificio en nombre de la humanidad.