Estados Unidos es un país construido por los inmigrantes, desde los que vinieron en el Flor de Mayo hasta los que hoy cruzan las fronteras. Estados Unidos es la cantera donde los hombres y mujeres del mundo, con deseos de progresar, vienen a realizar sus sueños. Por eso, por ser el lugar de confluencia del espíritu de progreso de tantos seres humanos, es un país grande y poderoso.
Eso parece que no lo entienden ni lo van a entender nunca personas como el legislador republicano Gary Miller y los miembros del plan de ultraderecha llamado Tea Party.
Miller sometió al Congreso un proyecto llamado Leave Act, mediante el cual pretende pasar por encima de la enmienda número 14 de la Constitución de los Estados Unidos, que establece que toda persona nacida en territorio americano es ciudadano del país y del Estado en que nace. Miller propone que solo los hijos de los ciudadanos americanos sean americanos, y fundamenta su propuesta basado en la idea de que la crisis económica que sufre la nación es consecuencia de la inmigración ilegal.
Con todo respecto, nosotros pensamos que para sacar una conclusión como esta, hay que no haber asimilado todo lo que nos enseñaron en la escuela o tener un problema patológico para pensar.
Pero por si acaso alguien en su buena fe se deja confundir por esas descabelladas ideas, tenemos que explicar que las crisis en todas las economías son cíclicas, al igual que lo es la gripe en el cuerpo humano.
Lo segundo es que esta crisis no la crearon los inmigrantes indocumentados, sino un grupo de ciudadanos, muy americanos, encabezados por George W. Bush y Dick Cheney, los cuales durante ocho años descuidaron la supervisión de las actividades de las corporaciones financieras para ocuparse de derrochar miles de millones de dólares en dos guerras que actualmente siguen sangrando la economía.
Lo tercero es que, la inmigración legal o ilegal, no provoca decrecimiento económico, sino que hace más competitivo el mercado laboral, y en consecuencia viabiliza el desarrollo empresarial el que a su vez sirve de combustible a la economía.
Probablemente la gente que apoya la iniciativa del legislador Miller cree en la necesidad de controlar la inmigración ilegal en el país, algo en los que están correctos, pues todo país necesita regular sus fronteras porque de los contrario entraría en un estado de ingobernabilidad.
Lo que propone Gary Miller no es nada de eso, es un plan sin sentido que raya dentro del racismo y la xenofobia y que devuelve al país al siglo XVI, además de que agravaría la economía más de lo que está hoy.